D. Juan Cerezo Cánovas nació el 11 de noviembre de 1941, y como a él mismo le gustaba decir, pequeño, feo, sin ropa y sin silla de ruedas. Empezó a trabajar desde muy joven repartiendo ejemplares de los periódicos Línea y La Verdad. Estudió y ejerció como administrativo-contable. En su trabajo siempre destacó por su honestidad y honradez.
Desde su juventud formó parte de diversos movimientos asociativos. A partir de los 18 años participó activamente en la Juventud Obrera Cristiana (JOC) desde una opción de clase, primero como simpatizante y luego como militante; pronto paso a ser responsable de grupo, presidente del Consejo Diocesano y vocal nacional. Su principal afán era que los jóvenes trabajadores fueran conscientes de sus derechos. Esta militancia comprometida le llevo a tener problemas con el régimen de la época.
A los 25 años Juan tenía la ilusión de la mayoría de jóvenes de su edad: conseguir la estabilidad en el trabajo y formar una familia. Sin embargo, encontró algo que jamás había soñado: una enfermedad irreversible que le llevó a padecer una tetraplejía. La esclerosis en placas le hizo perder el trabajo y trunco sus planes de formar una familia. La tormenta vital que provocó su enfermedad desgarró sus velas pero no consiguió arrebatarle el timón
Su capacidad de lucha, superación y compromiso fueron elementos decisivos que le permitieron superar esta etapa, orientando su energía a colaborar activamente en movimientos cristianos especialmente vinculados a la problemática de la discapacidad física. Eran tiempos en los que existían personas con discapacidad pero no había ni una sola asociación que defendiera sus intereses.
Comenzó colaborando con la creación de una organización, pionera en nuestra región en el colectivo de personas con discapacidad, FRATER . Su principal línea de actuación era lograr que las personas con discapacidad salieran de sus casas y se integraran en la sociedad y en cualquier movimiento asociativo que le permitiera lograr la mayor normalización posible de su vida.
Años más tarde (1976) favoreció y potenció la unión de asociaciones que defendían al colectivo de discapacitados y creó La Coordinadora. Con ella se pretendía que se escuchara con más fuerza las diferentes reivindicaciones del colectivo en nuestra región. Recorrió las diferentes localidades de la región intentando aunar esfuerzos en asociaciones y a la vez agrupar asociaciones para ser más fuertes. De igual modo, informó y asesoró a todas las personas que le planteaban algún problema, especialmente los relacionados con la accesibilidad.
La Coordinadora fue el embrión que dio lugar a la Federación de Asociaciones Murcianas de Personas con Discapacidad Física y/u Orgánica (FAMDIF) que hoy engloba a diecisiete asociaciones de toda la región. Sin embargo, esta parte sólo fue el principio de la gran labor de Juan. En su empeño por dar soluciones razonables a diferentes problemas empezó a preocuparse por lo que es su gran labor, reconocida por todos los que le conocen: la lucha por la eliminación de las barreras arquitectónicas existentes en las calles, parques, espacios abiertos en general y en el interior de los edificios.
Cuando en la ciudad de Murcia no existían vados peatonales especialmente diseñados para personas con movilidad reducida, comenzó a visitar a los responsables del Ayuntamiento de Murcia para pedir que las calles se acondicionaran para permitir el tránsito sin obstáculos. Eran los primeros años de la democracia; el concepto y conciencia de “eliminación de barreras” no existía y mucho menos legislación al respecto.
Sin duda, fue su insistencia y perseverancia lo que comenzó a cambiar mentalidades y así, poco a poco, comenzaron a verse en la ciudad de Murcia pasos de peatones por los que una persona en silla de ruedas no tenía dificultad en cruzar de un lado a otro de la calle, ya que los bordillos habían sido bajados hasta el mismo nivel de la calzada.
Juan tuvo mucho que ver en la elaboración, desarrollo y aplicación del actual marco legislativo relativo a la accesibilidad con el que cuenta nuestra Región.
Tiempo atrás, era normal ver a Juan moverse por la ciudad de Murcia dirigiéndose a alguna obra para controlar que se realizara de acuerdo con la normativa de accesibilidad. De este modo, se ha convertido en un “miembro más” de las cuadrillas de obreros que en el Ayuntamiento de Murcia se dedicaban a la construcción y reforma de vados peatonales y rampas en las calles, parques y jardines. Igualmente era frecuente verle en cualquier pueblo de nuestra Región atendiendo cualquier petición que se le formulase; por donde pasaba la silla de ruedas de Juan no había barreras arquitectónicas. Era miembro activo de la comisión de accesibilidad de FAMDIF y de ASPAYM. Es socio de FRATER, ASPAYM, Fundación AFIM y Asociación del Parkinson.
Sus amigos, cuando ven una rampa bien hecha, suelen decir por aquí ha pasado Juan tres veces, la primera a inspeccionarla, la segunda para dirigirla y la tercera para comprobarla cuando se ha acabado. Pero Juan no solamente ha estado luchando junto a otras personas con discapacidad física compartiendo con ellos su forma de ser y estar. También se movía y colaboraba de forma anónima con otras muchas realidades sociales solidarias. Destaca, por ejemplo, su compromiso solidario con los empobrecidos del Tercer Mundo. En el año 1990, dos meses después del asesinato de los jesuitas en la UCA en San Salvador, se funda en Murcia el Comité de Solidaridad Óscar Romero. Juan formó parte de aquel pequeño grupo de “socios fundadores” y durante bastantes años perteneció al equipo responsable de actividades. Su colaboración fue importante, y sigue siéndolo. Su testimonio y su calidad humana son un estímulo para todos. Juan dedicó más de la mitad de su vida a la eliminación de barreras arquitectónicas y en el transporte y a la accesibilidad en general, de una forma totalmente altruista, destacando además la ilusión y el entusiasmo que manifiesta en todas sus actuaciones de la vida cotidiana.
 Falleció el 4 de diciembre de 2007 a los 66 años de edad.
A día de hoy, FAMDIF le rinde homenaje con la apertura del primer Centro de Día para Personas con Discapacidad Física y/u Orgánica, que lleva su nombre.

Centro de día Juan Cerezo